domingo, 11 de abril de 2010

Añagazas para el AVE.


añagaza.

(Del ár. hisp. annaqqáza, señuelo, y este del ár. clás. naqqāz, pájaro saltarín).

1. f. Artificio para atraer con engaño.

2. f. Señuelo para coger aves. Comúnmente es un pájaro de la especie de los que se trata de cazar.



Si tuviéramos que describir el carácter navarro, el que nos ha permitido mantener una manera propia de hacer las cosas a pesar de nuestra pequeñez poblacional y territorial, seguramente apreciaríamos dos características fundamentales. Una, el respeto por el pacto y el acuerdo, lo que se traslada desde la esfera pública hasta la de las relaciones comerciales o personales. Dar la palabra significa cumplir con la palabra, y la palabra dada es exigible como tal. Y la otra característica es que hacemos de la lealtad y la verdad la razón de nuestro prestigio, del modo en el que queremos que se nos considere desde fuera. Gracias a esta forma de actuar por el mundo hemos podido mantener una situación que, sin llegar al privilegio, sí supone la persistencia de un modo peculiar de organizarnos económica, social e institucionalmente.


La viñeta de Oroz que describía gráficamente lo que supuso la semana pasada la firma del Convenio para la construcción de la línea de Alta Velocidad en Navarra sintetiza, humorada aparte, el epítome de toda esta legislatura, la de los estertores de un modelo político fraudulento y en el que la trapisonda ha tomado carta de naturaleza habitual. Viene a mostrar el dibujo que el camino por el que ha llegado el tan ansiado AVE está jalonado de mojones políticos fruto de las andanzas de esos dos personajes, biográficamente tan concurrentes, que son José Blanco y Miguel Sanz. Viene a reconocerse, en fin, que para que la firma se haya producido los antecedentes tienen esencialmente calado político, y no son mera práctica negociadora como en otro tiempo se conoció. La ruptura del pacto entre UPN y el PP, instada por un Sanz servil tras su visita a Moncloa en otoño de 2007, y la posterior postración de hinojos ante los socialistas que se visualiza cada semana en Pamplona y Madrid, son parte de esa componenda. Y por ello la firma llegó como consecuencia del colegueo interesado, no por haber defendido Navarra una exigencia de cumplimiento del que el Ministerio de Fomento debiera dar cuenta sin más torticerías.

Hablaba al principio de la palabra dada y la lealtad como elementos idiosincrásicos que nos han hecho fuertes y respetables. Justo es es ahí donde el destrozo del Sanz de esta última legislatura se ha hecho más patente. Ya cuando él (y sólo él) se cargó el pacto de su partido con el PP los resultados en el resto de España fueron calamitosos para todos los navarros en términos reputacionales. Por primera vez, algunos vieron cómo nuestro presidente se comportaba como un cacique mendaz, que miraba sólo por su interés confesable (la sempiterna “gobernabilidad”, es decir, poltronas y gavelas) pero también por otros cuantos no tan confesables, algunos de los que han ido aflorando con el tiempo, y que tienen que ver con su papel como vértice de no pocos intereses económicos y clientelares. Ahora, con la firma del Convenio del AVE, Sanz ha tirado por tierra otra de las columnas de nuestro templo. La de que los navarros cuando damos la palabra la damos, y cuando la recibimos la exigimos. El mero análisis económico del asunto así lo demuestra.

El análisis finaciero de una tomadura de pelo.

Era otoño de 2007 cuando Sanz rinde su primera visita de pleitesía a Zapatero en Moncloa y cuando sale Salgado en rueda de prensa anunciando la firma para “antes de final de este año” del Convenio. Por no aburrir con todo lo que ha pasado posteriormente, el resumen es irrefutable a la luz de los hechos sucesivos: una suerte de tomadura de pelo continua por parte de los de Zapatero, para quienes la palabra “inminente” debe tener un significado bien distinto al que determina el diccionario. Pero el problema no ha sido sólo ese. El problema es que ante los incumplimientos, la respuesta de Sanz era hacer nuevas ofertas, en lugar de exigir con fuerza política el acatamiento de lo ya comprometido. Porque desde ese día de 2007 ya no se estaba en la fase de negociación, sino en la de la exigencia de lo ya comprometido. Pues no. Sanz, con nuestro dinero, va aportando una tras otra nuevas ventajas en favor del que nos estaba chuleando. Primero extender al plazo de financiación a “dos o tres años”, como si no anduviéramos sobrados de deuda pública. Segundo, aceptar el pago de los intereses. Y tercero, de lo que nos enteramos los navarros ¡una vez aprobado el Convenio por el Parlamento!, que realmente a quien estamos financiando no es al Estado, sino a la mercantil Adif, en un jeribeque de última hora que tiene una enorme significación. Al menos tanta como el descaro con el que se nos ha estado ocultando hasta el último minuto.

El hecho de que sea Adif quien nos vaya devolviendo nuestra aportaciones no es baladí, porque quiebra dos de los presupuestos con los que se nos había vendido esta moto. De un lado, el que a través de Convenio Económico, al deducirnos las cantidades aportadas en obra, estábamos condicionando de modo finalista que nuestra Aportación al Estado se aplicara a una obra tangible, el AVE, lo cual era una muy buena jugada. Eso ya no es así. Pero además, se decía apenas una semana antes de la firma que de ese modo la deuda contraída figurará anotada como deuda del Estado. Se ha visto que tampoco será así. Se nos ha engañado sin parar. Las cuentas de Adif no se consolidan con las del Estado, puesto que se trata de una mercantil que, por ejemplo, factura a Renfe Operadora por el paso de los trenes por la vías. Precisamente Adif tiene sentido para Fomento en la medida en que le permite la financiación extrapresupuestaria de las inversiones, sin asignar más deuda pública. Está previsto que Adif termine este ejercicio cargada con una deuda propia cercana a los 6.000 millones de euros, tras incrementarla en los próximos meses en más de 2.000. De manera que lo que está haciendo Navarra, Sanz mediante, es financiar a una mercantil que se podría financiar por su propia cuenta y riesgo. Se ha asumido, indefectiblemente, que la deuda que se vaya contrayendo figure como deuda de Navarra, porque es imposible que pueda figurar como deuda del Estado y en algún lugar ha de estar anotada. La prueba irrefutable: que también los navarros van a pagar los intereses del asunto, porque así lo ha querido Sanz. Es una añagaza y un engaño de una gran relevancia, entre otras cosas porque la situación de los mercados financieros hace patente que quien más deuda tiene, más debilidad atesora. El que nos hayamos enterado de esto de la manera en que ha ocurrido debiera haber supuesto algo más relevante que una mera pregunta de periodista. Pero la opinión pública navarra está como está, y mejor no abundar más en ello.

Por cierto, otra cuestión en la que pocos han reparado. La presencia del Banco Europeo de Inversiones en esta juerga. Dice Sanz que puede ser él quien asuma la financiación a la que va a tener que acudir la Comunidad Foral. Olé. El presidente ignora, al parecer, que el BEI tarda cerca de un año en autorizar sus operaciones, lo que indefectiblemente habrá de generar otro retraso adicional. Pero además, el papel del BEI no se entiende que tenga que ser el de aportar préstamos al Gobierno de Navarra, cuando estatutariamente puede hacerlo a las propias empresas constructoras. De ese modo, se podría gestionar la financiación con el aval de la concesión, pero sin necesidad de anotarla en la deuda pública, y sin necesidad tampoco de tener que pagar los intereses correspondientes y penalizar nuestro rating. Por añadidura: ¿para qué tenemos que financiar a Adif pidiendo un préstamos al BEI si el propio BEI es capaz de financiar directamente a Adif?

Preguntas que quedan sin respuesta por parte de firmantes y anuentes, pero que sólo pueden conducir a una conclusión: estamos ante una auténtica estafa a los contribuyentes navarros, perpetrada por Sanz y Blanco en pos de sus intereses políticos. Es tiempo de marketing electoral, de hablar de los 10.000 empleos, de tirar así un añito aunque no se ponga una sola traviesa. Una estafa que tiene tres componentes: el de los plazos, el de la indeterminación de los compromisos del Estado, y el de la propia financiación del proyecto. Sanz y Blanco, en su estilo habitual tan empático entre ellos, se han encargado de enterrar esos valores que antes decía: el de la palabra dada y el de la honradez y veracidad en lo que se hace. Algunos (y algunas) asisten a ello de manera pasiva, pastueña, complacida o entregada. Otros no nos resignamos. Ni nos callamos.

jueves, 8 de abril de 2010

El convenio del AVE


(Comentario de hoy en la sección "El apunte" para las emisoras de la cadena SER en Navarra)

En vísperas de la firma del Convenio sobre el AVE, recordemos lo que ocurría hace un año por estas fechas. Entonces lo que se firmaba era un protocolo. Es decir, un mero documento de intenciones. Y se hacía intentando ganar tiempo, ese tiempo “inminente” que se decía faltaba para concretar el asunto. Ya ha pasado un año desde aquel protocolo, desde aquel abrazo, desde aquella frase campanuda de “José Blanco es un hombre de palabra”, dicha por el presidente de Navarra.

Y, en efecto, un año después se concretan algo más las cosas, lo cual es siempre positivo. Aunque en este caso, lo que más se concreta es precisamente el esfuerzo que Navarra va a tener que hacer para conseguir la tan ansiada vía de tren. El primero, el de asumir la financiación del tramo principal, en unos momentos en los que no nos sobra el dinero. El segundo, permitir al Estado que vaya asumiendo el coste en cómodos plazos. Y lo tercero, toda una rebaja de primavera: el aceptar que los contribuyentes navarros corran con los gastos de los intereses de tan ingente proyecto. Lo ocurrido en un año ha sido, para que nos aclaremos, que las urgencias políticas por firmar el convenio han encarecido lo que nos va a costar a los aquí presentes.

Pero al menos ya tenemos convenio. Y Navarra cumplirá con su parte. La incógnita principal es si lo hará ese denominado “hombre de palabra”, el titular del Ministerio de Fomento. Porque nuestro cacho de vía no servirá para nada si no conecta en Castejón con la que tiene que construir Pepe Blanco desde Zaragoza. Y ahí sí que aparecen serias dudas, porque el presupuesto del Estado está a cero. Se me ocurre que podríamos pedirle a Fomento que ambos tramos se hagan con el espíritu retador de las pugnas de los aizcolaris. El último que termine su parte paga la apuesta. Es seguro que si esta cláusula estuviera en el papel que se va a firmar, el tema nos saldría completamente gratis a los navarros.

domingo, 28 de marzo de 2010

Grietas en Palacio


Tengo un amigo con el que no comparto militancia partidaria, pero que me aporta puntos de vista muy interesantes de las cosas que pasan en el mundo de la política. Es un observador agudo de lo que ocurre, y conoce algunas claves del comportamiento de quienes protagonizan los hechos. Este amigo, que nunca se conforma con vislumbrar la superficie de las cosas sino que se adentra en sus raíces mismas, me viene hablando desde hace un tiempo del un concepto transgresor para lo que habitualmente se escucha por Navarra, el menos en los medios oficiales. Él se refiere cada vez más a la “charca foral”.

Y hay que reconocer que cualquiera, aunque no fuera mi amigo, y salvo que estuviera directamente implicado en determinados escenarios, advertiría hoy que comienzan a aparecer signos elocuentemente fétidos de lo que ha sido una determinada manera de gobernar Navarra durante los últimos años. Especialmente, de cierto sentido del poder principesco a la vieja usanza, que entrevera intereses políticos, económicos y clientelares, y que sólo puede deambular en las penumbras. En las dos últimas semanas han aflorado, aunque sea con forceps, informaciones que definen un momento y que sin duda van a condicionar mucho de lo que pase en este futuro año preelectoral. Veamos someramente los casos, a salvo de mayor detalle en días posteriores.

El más chusco es el de la entrada de Caja Navarra en el capital de la cadena hotelera AC, la del compadre de Sanz. Es chusco no porque no tenga una severa enjundia y significación económica detrás, sino por el modo en que ha sido conocido. Hace unas semanas una información de elconfidencial.com contaba que Caja Navarra acababa de prestar un apoyo financiero relevante a la cadena. Lo llamativo fue que la noticia no fuera originalmente reportada por la Caja, como hace habitualmente con sus inversiones por mínimas que sean. Al cabo de unos cuantos días en los que la información parecía fluir de manera clandestina, la entidad financiera cuenta su versión de los hechos. Y poco después, remata la jugada desinformativa el beneficiario de la ayuda, en una entrevista que más parece el desahogo de un charlatán que algo que informativamente merezca ser tomado en serio. Es de resaltar que ni Caja Navarra ni AC Hoteles, al no ser empresas cotizadas, deben informar de sus operaciones a la CNMV en un marco de transparencia acode con los tiempos. Ese status-quo les ha permitido jugar con los tiempos y establecer la versión de los hechos que más les conviene. A día de hoy, la operación en sí misma sigue sin ser explicada ni detallada, y cualquier rumorología que se escuche eleva en mucho su montante e implicaciones. Pero al hilo de la entrevista a Catalán surgen varios cuestionamientos obvios. El primero, por qué no explica el empresario la razón por la que la operación se mantuvo en secreto, y significativamente por qué él mismo llamó a elconfidencial.com para que fuera retirada la mañana de su publicación, a pesar de que a esas horas ya era la noticia más vista, más comentada… y más enviada por email, lo que impedía su ocultación. Como es bien sabido, la necesidad del apoyo financiero del que se benefició AC gracias a Caja Navarra era imperiosa, y como Catalán reconoce tuvo como origen una ampliación de capital, para la que presuntamente no encontró ningún otro banco que la avalase. El numerito de explicar que Miguel Sanz se ausentó de la sala en el momento de conceder el dinero es la sandez que adorna una información pensada para ser digerida por ingenuos. Nadie puede creer que el compadre no supiera nada de lo que se traía entre manos quien cordialmente es denominado por él como “Antoñito”, licencia que seguramente nadie más tiene. Ítem más, si creemos lo dicho oficialmente (ausencia de Sanz mientras todos los demás estaban unánimemente de cuerdo dentro de la Corporación CAN) habrá que colegir que un determinado personaje, que mantiene reconocidos negocios con Catalán y ocupa por designación de Sanz puesto de consejero en la Corporación, sí votó tal operación. Por menos que eso, en otras latitudes asoma la nariz el fiscal.

El segundo asunto es el de Estéban Morrás, destapado por El Mundo, y que es otro más de los que siguen sin ser convenientemente explicados. La valoración que se hizo de EHN en el 2006, cuando se privatizó, y tantas y tantas concomitancias que todo aquello sigue teniendo, representa un asunto que seguro que ha de traer mucha cola en lo sucesivo. La foto aquella de Sanz, Barcina y Morrás en la verja de la Casa Blanca va a resultar todo un paradigma, no una mera anécdota (ridícula, pero anécdota a la postre), de lo que está significando el actual estado de cosas en Navarra. Porque si algo está claro es que algunos quieren que las anécdotas se tomen jocosas, mientras constituyen auténticas categorías. Apunto otra, significativa del caso: ese confidencial que contaba hace unas semana Diario de Navarra, en el que se afirmaba que José Manuel Entrecanales quiso tomarse unos vinos en la parte vieja de Pamplona, y a su auxilio como cicerones acudieron Roig (consejero) y Armendáriz (Cener). Vaya escena, digna de la más cutre estampa de la España en la que señoritos y lametraserillos compartían comedia bufa. Aunque lo verdaderamente escandaloso de este asunto, aparte del pelotazo en sí mismo en un sector intervenido y subvencionado hasta el denuedo, es la explicación de Sanz de cómo se justifica el montante millonario de lo que se ha llevado Morrás: “"En cualquier iniciativa privada, a un responsable que hace una operación de esas características y multiplica por 50 sus inversiones creo que le ponen una corona, no para crucificarlo sino para ponerle un sueldo espectacular". Ese es el tenor argumental, absolutamente desvergonzado, de un personaje que hace tiempo dejó de saber cual era la línea que debía dividir lo público de lo privado. Seguiremos hablando de ello, seguro.

Por si no bastara. Desvela en un interesante reportaje el periódico La Gaceta que el CENER, estandarte de las renovables en Navarra, ha actuado como mero broker a favor de unos determinados empresarios, los renombrados hermanos Oliver, en sus negocios eólicos especulativos en Dominicana (hace años) y Chile (actualmente). Tremendas las informaciones, según las cuales Sanz se reunió con el presidente dominicano para interceder por los negocios de los Oliver. En la sucinta nota oficial que el Gobierno libró en su momento, se nos decía que el asunto que se quería tratar tenía que ver, especialmente, con el desarrollo del catastro.

El panorama comienza a cambiar. Queda algo más de un año para las elecciones. Y las grietas en Palacio, de golpe y porrazo, parecen abrirse en varias paredes al mismo tiempo. El régimen se empieza a preocupar, a pesar de que cree controlar la gestión informativa de los asuntos. No, no pregunten a Yolanda Barcina qué opina de todo esto. Tampoco le pidan opinión de cómo es posible que su partido sea el único de toda España que ha aceptado hacerse la foto de Zurbano junto a Salgado, Blanco y Sebastián. Aunque si diera la respuesta que debería dar y ella sabe, tendría que hablar de ambas cosas al mismo tiempo. Es decir, de la charca.

martes, 23 de marzo de 2010

Jekyll & Hyde



Maestro de la propaganda que sólo los aprendices de plutócratas saben practicar, Miranda vuelve de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera vocalizando un titular que alcanza letras rojas en la portada del periódico. Campanudo: ”Navarra no gastará un euro más de lo que ingrese”.

Pero la frase contiene trampa. Hay que leer la letra pequeña, la que se intenta disimular. Asume el dicente que los euros que llegan por la vía de acudir a las ventanillas bancarias al pedir un préstamo son iguales que los que llegan previa exacción al contribuyente. Así que suplir el déficit con endeudamiento es también una manera de generar ingresos, al parecer con el mismo valor que girar al cobro el mismísimo IRPF. Es decir, desaparece el problema de la deuda pública, porque al fin y al cabo los billetes de un origen u otro tienen el mismo color. Justo cuando lo que se pretende es poner coto a la brecha entre ingresos primarios (se entiende que tributarios) y gastos, Miranda redefine las bases del rigor con el que hay que gestionar la Hacienda pública. Enuncia así un nuevo argumento propio de trileros, pero que se vende instantáneo a una opinión pública acrítica y vicaria de sus invectivas.

El caso sería en sí mismo descollante si no fuera porque a la vez es contradictorio. No hace muchos meses, el mismo Miranda decía que pensaba acudir a la deuda en la mayor medida de sus posibilidades, y que si le dejaran endeudarse más, se endeudaría más. Ahora hace como que asume un criterio de rigor y austeridad, mimetizado con lo que el PSOE de Zapatero y Salgado parecen querer vender ante el riesgo de que algún día los mercados internacionales dejen de comprar nuestra deuda. Lo de Miranda, en efecto, es el mismo caso de Jekyll & Hyde.

Y mientras, ninguna de las 53 medidas -¡53, sí, 53!- que UPN y PSN tienen sobre la mesa como supuestas propuestas anticrisisis supone ni un solo euro de ahorro a las maltrechas cuentas públicas de Navarra. Más bien lo contrario. Aunque seguro que alguna de ellas sirve para componer alguna rojita más.

jueves, 4 de marzo de 2010

Qué fue del medicamentazo


(Carta a la Directora que hoy publico en Diario de Navarra)

Todavía el PSN no ha dicho nada. El Gobierno de Navarra acaba de derogar el Decreto Foral que desde 1998 financiaba un grupo de medicamentos de baja utilidad y que sólo aquí se seguían sufragando con cargo al contribuyente. Conviene ahora recordar la historia. En aquel año el Ministerio de Sanidad decide excluir de la financiación pública un grupo de fármacos de escaso interés terapéutico y muy bajo precio, aplicando el mismo criterio que años antes usó la ministra socialista Ángeles Amador. Disimulando los antecedentes, los socialistas denominaron aquello como “el medicamentazo del PP”. La reacción en Navarra fue especialmente desabrida. Se dijo que era un “ataque al estado del bienestar”, que suponía “un recorte inaceptable” y que antecedía “la privatización de la sanidad pública”. Como fui partidario de aquello, los socialistas pidieron mi dimisión y me achacaron la polémica. El PSN y la UGT organizaron incluso una ridícula manifestación callejera, en la que unas decenas de jubilados y cargos públicos desfilaron con banderas y pancartas por Conde Oliveto. Y el tema llenó decenas de páginas de periódicos, porque parecía el Armagedon sanitario. Finalmente, un acuerdo del Parlamento foral de 5 de marzo -auspiciado por el PSN, CDN y EA- obligó a que Navarra pagara esos medicamentos, endosando no poco ridículo a nuestra entonces bien ponderada sanidad y desautorizando la política de uso racional que llevábamos a cabo en el Departamento de Salud en beneficio de todos los navarros.

Esta semana el Gobierno de Navarra ha anulado la aberración aquella. Aunque lo ha hecho, por cierto, de tapadillo y sin recabar la conformidad de la comisión de Atención Farmacéutica creada por ley para propiciar la transparencia y la participación de los profesionales. Como me decía un boticario amigo, el tiempo pone a cada uno en su sitio. Doce años después, aunque los medicamentos sean los mismos, el PSN ya no dice nada. Silencio atronador. La demagogia que usaron entonces ahora la deben dedicar a otras cuestiones, según parece. Demagogia aquella, sí, que ha costado al contribuyente navarro varias decenas de millones de euros.

domingo, 14 de febrero de 2010

Hablando de las renovables... ¡en Washington!



En la web del “Center for American Progress” se puede encontrar el vídeo del simposio en el que acaban de participar los representantes navarros (Sanz, Morrás y Armendáriz) contando lo maravilloso que es el mundo de las energías renovables desde que ellos se ocupan del asunto. No recomiendo a nadie que pierda el tiempo en ver ese vídeo, pero no está de más indicar la fuente directa de la que se pueden extraer algunos comentarios.

El primero es sobre el mismo sitio en el que se produjeron las disertaciones, el “Center for American Progress” (CAP), un think tank que tiene como lema “Progressive ideas for a strong, just, and free America”. Este tipo de organizaciones, en general, son interesantes. Permiten generar conocimiento que acabe aplicándose a la política, y abren el campo de visión algo más allá de lo habitual. De manera que acceder a contar lo de la energía eólica a esa audiencia es, en principio, meritorio. Pero sólo en principio. En este caso es más bien un hecho casi tan trivial y oneroso como la foto esa en la verja de la Casa Blanca, que está generando tanto comentario jocoso como indignado.

Porque el CAP es el think tank progre de norteamérica, fundado en 2003 con el afán de competir ideológicamente con la respetada “Heritage Foundation” o el “American Enterprise Institute”, fundamentales en el desarrollo de las políticas republicanas. Y como efecto de ello, el CAP es el socio norteamericano de la fundación Ideas, que es la organización del PSOE dedicada a menesteres parecidos. En los últimos años, Ideas ha desarrollado programas conjuntos con el CAP en muy diversas materias. Caldera, De la Vega o Blanco conocen bien al CAP, porque han sido anfitriones habituales y huéspedes ocasionales de ellos. Podríamos decir, sin ambages, que el CAP y la fundación Ideas comparten mucho más que un espacio político. Mantienen una relación habitual, y seguro que coordinan no pocas acciones. Desde luego, tienen interés común en el asunto de las renovables, pero no sólo en eso. El CAP ha emitido recientemente varios documentos que intentan que se considere la financiación del aborto en los planes de reforma sanitaria de Obama. Dios los cría y ellos se juntan.

Es decir, que como no podía ser de otra manera, el presidente de Navarra ha ido a explicar lo de las renovables al sitio que los socialistas hubieran elegido para ello. Sería muy interesante conocer las gestiones previas que lo hicieron posible. El nuevo mérito que Sanz se adjudica ante sus compadres ahí queda: del ronzal hay que ir hasta a Washington.

Pero hay un elemento más. El simposio está patrocinado por el Gobierno de Navarra, tal como advierte el embajador Dezcallar al inicio de su presentación y como se advierte en el panel del lateral del escenario. En términos más explícitos: el simposio se hizo porque el dinero de los contribuyentes navarros lo contrató. Un artículo en la prensa navarra, tal vez benevolente, indica que hubo unos cincuenta asistentes. Vamos mejorando, porque el año pasado en Harvard fueron sólo treinta para escuchar la misma conferencia de Sanz. Sería interesante saber cuánto ha costado la gala de este año, y cómo se ha realizado la contratación y el pago a los organizadores y participantes en tan apasionante programa.

Las disertaciones merecen también algunos comentarios. Dezcallar, el embajador español, es presentado como el antiguo jefe de los espías, director que fue del CNI. Éste, cuando introduce la película de las renovables cita a tres empresas españolas (Acciona, Iberdrola y Gamesa) a pesar de que hay otras cuantas más que hubieran merecido superior apoyo por el grado de desarrollo tecnológico que exhiben, aunque no sean las favoritas de Zapatero o Sanz. Pero lo más llamativo de lo que se dijo vuelve a ser lo que contó este último. Es pavoroso que se pinte la película de las renovables de esa manera ante un foro compuesto por ciudadanos norteamericanos. Intentar dar lecciones y hablar de la Arcadia eólica navarra con tan poco rigor conceptual genera sonrojo ajeno. La historieta manida que aquí escuchamos no vale para aplicársela a gente que sabe fundar sus criterios en algo mas que la propaganda que les cuente un político. Sólo hay que referirse a un dato. En ningún momento dice Sanz que el desarrollo de las renovables se basa en las tarifas intervenidas con las que se sitúan en el mercado eléctrico los kilovatios verdes. En ningún momento dice que a los consumidores españoles se nos endosa obligatoriamente el coste artificial de esa electricidad, que es el principal incentivo a la instalación de los molinillos. Y la pregunta surge aquí. O Sanz ignora lo fundamental sobre el desarrollo de las renovables en España, o simplemente ha ido a engañar a esa pobre gente que se tuvo que tragar el simposio quien sabe por qué razón.